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Columna BBVA México

Alejandro Neut, BBVA



Camino a un euro digital

1/12/2021

¿Cómo operaría un euro digital? ¿Qué aportaría si hoy puedo pagar/cobrar por todo a través de mi móvil, app y sitios favoritos? ¿Esto conllevaría algún riesgo? Hasta ahora estas sencillas preguntas no han encontrado fácil respuesta. Por el contrario, han propiciado un rico debate económico-político-tecnológico que se encuentra en plena ebullición y que además cuenta con fecha de expiración.

El Banco Central Europeo inició en octubre una “fase de investigación” de dos años para avanzar una propuesta que, de ser aceptada, se implementaría en los tres siguientes.

Centrémonos en la pregunta del valor que aportaría el euro digital o cualquier otra CBDC (Central Bank Digital Currency). Se desconoce el impacto en el PIB, pero de manera cualitativa se vislumbran potenciales beneficios. Podría ayudar a garantizar acceso universal al creciente mercado digital. También a reducir los costes de transacción y de innovación en el dinámico mercado de pagos. Pero es otro el principal provecho atisbado por varias autoridades del euro digital: evitar que alguna moneda digital poco regulada (sea privada y/o extranjera) encuentre un nicho desde el que acabe dominando el sistema de pagos europeo.

La preocupación es válida: una moneda no regulada facilitaría la criminalidad, pondría en riesgo la estabilidad del mercado financiero y, en caso extremo, haría inoperativa toda política monetaria. De los países grandes, China es el más avanzado en la implementación de su yuan digital (que ya está operativo en varias ciudades). Ha prohibido el uso de criptomonedas como bitcoin, aun así las autoridades batallan en promover su moneda digital ante ciudadanos ya acostumbrados a los medios de pagos facilitados por las grandes plataformas Alibaba y WeChat.

En Bahamas, los “sand dollars” digitales llevan más de un año en circulación, pero hoy solo representan el 0,01% de la oferta monetaria. ¿Es esto evidencia de redundancia con la actual oferta de medios de pagos? ¿O es muestra de que las iniciativas china y bahameña están descuidando algún aspecto importante para que sus CBDC compitan de forma efectiva con monedas no reguladas? Varias autoridades están atentas y preocupadas.

Focalizándonos ahora en los riesgos de un euro digital, las incógnitas económicas también abundan. Será importante definir y hacer operativos los niveles de privacidad compatibles con la prevención de actividades criminales y de lavado de dinero. Igualmente importante será resguardar la estabilidad financiera, evitando disrupciones tanto domésticas (intermediación bancaria) como externas (mercado de capitales).

En definitiva, existen muchas formas de que opere un euro digital. ¿Imponer cuotas/tasas a la tenencia o al uso?, ¿restringirlo solo a residentes?, ¿regular a intermediarios?

Buscar una arquitectura que potencie el valor y que reduzca todo riesgo es el reto actual y para los próximos dos años.

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