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Brexit: May apuesta por el riesgo

Agustín García, analista BBVA



8/2/2019

La situación política en Reino Unido sigue complicándose tras el fuerte rechazo del Parlamento al acuerdo negociado por la primera ministra May con la Unión Europea. Desde entonces, el Gobierno sigue sin contar con el apoyo suficiente, sobre todo por la cláusula de salvaguarda para Irlanda, pero mantiene sus líneas rojas tanto en el acuerdo (conservar la soberanía sobre inmigración y acuerdos comerciales con terceros países) como en la estrategia de salida (rechazo a la extensión del artículo 50 y a la salida sin acuerdo), lo que dificulta cada vez más el entendimiento con el resto de fuerzas políticas.

Esta situación ha favorecido que distintos diputados a lo ancho del espectro político hayan presentado enmiendas para que el Parlamento tome un mayor peso en el proceso y evitar una salida abrupta. Pero, más allá de estos movimientos, el Parlamento sigue dividido, y parece difícil encontrar una solución consensuada para garantizar una salida ordenada.

Esta situación fue la que se plasmó en la moción del plan B el martes pasado: la posibilidad de que prosperarán las enmiendas presentadas por los diputados proeuropeos para aplazar la salida y evitar un brexit sin acuerdo consiguió unir, por ahora, al partido conservador para respaldar el plan de May, con la condición de cambiar la salvaguarda para Irlanda y así evitar la permanencia indefinida en la unión aduanera.

La falta de una hoja de ruta clara hizo cambiar la posición inicial de la primera ministra de no renegociar el acuerdo con Europa y la llevó a apoyar la enmienda del conservador Brady a este respecto, que aprobaron junto con la ayuda de los unionistas de Irlanda del Norte. El apoyo de ambos partidos también sirvió para rechazar el resto de enmiendas contra el plan B.

En definitiva, el Parlamento desperdició la oportunidad para eliminar el peor de los escenarios, mientras que el Gobierno ganó legitimidad para volver a Bruselas a renegociar el acuerdo de salida.

La aprobación del Parlamento británico de esta nueva hoja de ruta no ha cambiado la posición de Europa, que se mantiene firme en que el acuerdo alcanzado es el mejor posible y no está dispuesta a reabrir las negociaciones, sobre todo en lo que respecta a la cláusula de salvaguarda.

No obstante, continúa la disposición para ayudar a May a sacar adelante una salida ordenada, aunque de momento no parece que las concesiones vayan a ser suficientes para asegurar el apoyo de los diputados conservadores más euroescépticos. Estos siguen esperando una salvaguarda alternativa basada en un modelo de máxima facilitación (una especie de frontera digital) o, en su defecto, un cambio legal que asegure que es transitoria o la posibilidad de que Reino Unido pueda revocarla unilateralmente. Y lo más preocupante, dado el guiño de May a este ala del partido, es que en caso de no conseguir un cambio importante, el acuerdo alcanzado en el seno del partido conservador apunta a que la alternativa pasa por presionar a Europa para organizar una salida sin acuerdo a lo largo del periodo de transición, idealmente hasta finales de 2021.

Hacia adelante, es difícil que May consiga un plan modificado que sea respaldado por el Parlamento a mediados de febrero, por lo que la mayoría de los diputados proeuropeos contará con una nueva oportunidad para intentar tomar las riendas del brexit o, en caso contrario, seguirá aumentando la probabilidad de una salida abrupta.

En principio, todas las opciones seguirían abiertas, pero la urgencia del agotamiento del plazo hace más probable que se termine aprobando el plan de May, o que se busque algún tipo de compromiso sobre la relación comercial futura con Europa, como la pertenencia a la unión aduanera (apoyada por los laboristas) o un modelo a la Noruega Plus (apoyado por los conservadores).

En cualquiera de los casos anteriores, la extensión del artículo 50 es muy probable, pero se reduce la probabilidad de un segundo referéndum o de revocar el proceso de salida.

En definitiva, la estrategia elegida hasta ahora es muy arriesgada, y si se persiste en el empeño de forzar las negociaciones hasta el último minuto manteniendo las líneas rojas, la probabilidad de la opción por defecto de una salida sin acuerdo aumenta significativamente. 

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